Los fanáticos atacan de nuevo
Por Paco Soto
La ultraderecha católica polaca, que tiene el apoyo de una parte de la jerarquía eclesiástica y de medios como la emisora Radio Maryja, el diario Nasz Dziennik y la revista Gazeta Polska, vuelve a la carga, y esta vez el enemigo a abatir es Madonna. Un colectivo de jóvenes integristas ha impulsado una campaña contra el concierto que la musa del pop estadounidense, conocida por su extravagancia y espíritu provocador, ofrecerá en el renovado Estadio Nacional de Varsovia el próximo 1 de agosto, porque “ofende a Jesucristo”. Estos jóvenes católicos ultraconservadores han organizado en su cruzada particular una recogida de firmas contra el concierto que ya ha recibido el apoyo de decenas de miles de personas, y sus promotores esperan que unos 100.000 ciudadanos se unan al boicot. “Protesto contra su concierto”, manifiesta este colectivo en su página web, Protestuj.pl, donde bajo el título “No voy al concierto de Madonna”, reproduce un texto que incluye a la derecha una imagen de la cantante pop que imita la crucifixión de Jesús. La web señala que “las actuaciones de Madonna atacan a la fe católica, porque durante sus conciertos ofende a Jesucristo, incendia crucifijos y se coloca coronas de espinas (en la cabeza). También promueve la homosexualidad, la voluptuosidad al besar a otras mujeres y la pornografía al hacer gestos y adoptar posturas impúdicas”. “Nos oponemos a la invitación en nuestro país de Madonna Louise Ciccone” y “protestamos vigorosamente contra la promoción de esta ‘estrella’”, indica la web de esos muchachos purificadores. Los jóvenes integristas consideran intolerable que el concierto se lleve a cabo el mismo día que en Polonia se conmemora la insurrección de Varsovia del 1 de agosto de 1944 contra la ocupación nazi. Varias asociaciones de ex combatientes polacos también se han mostrado contrarias al concierto de Madonna en Varsovia en una jornada tan emblemática para muchos ciudadanos. No es la primera vez que los amantes de la pureza religiosa, que suele ir de la mano del dogmatismo y la estupidez, boicotean a Madonna en Polonia.
El 15 de agosto de 2009, que en Polonia es el día de la festividad de la Asunción de la Virgen y jornada de las Fuerzas Armadas, un concierto de la reina del pop en Varsovia fue boicoteado por un denominado Comité de Defensa de la Fe y la Tradición ‘Pro Polonia’. Este colectivo, como otros que existen en Polonia, es un grupo de católicos rancios y pasados de moda obsesionado por regresar a los tiempos poco gloriosos de la Santa Inquisición, o al menos a la época en que la Iglesia católica controlaba la vida social, económica y política de muchos países, se metía en la vida privada de las personas, aterrorizaba a las pobres y les sacaba el dinero y, en general, se aprovechaba de la inocencia, la incultura y la miseria de los débiles. Y en el caso de un país como España, donde la Inquisición fue notoriamente cruel, la institución eclesiástica, desde tiempos inmemoriales, siempre estuvo del lado de los poderosos, los explotadores, los ricos insolidarios y los embaucadores. Fue así hasta la década de los 60 del siglo XX, cuando al calor del impulso reformista de Vaticano II alentado desde Roma por un Papa buena persona como Juan XXIII, la Iglesia católica española se dividió y un sector significativo de la institución se enfrentó a la dictadura franquista y se dedicó a aplicar las enseñanza de Jesús y los Evangelios, en lugar de hacerles la pelota a los opresores del pueblo español y a la pandilla de vividores que conforman la curia romana. Pero a lo que íbamos. El grupo de integristas católicos que hace tres años boicoteó a Madonna en Varsovia envió una carta al presidente del país, el difunto Lech Kaczynski, para que impidiera el concierto, porque coincidía con una fiesta religiosa y una conmemoración militar. Los ultras, alentados por Marian Brudzynski, que estuvo relacionado con el partido fascistoïde y antisemita Liga de las Familias Polacas (LPR), se movilizaron para alcanzar su objetivo, llegando incluso a rezar cada día, a partir del 1 de agosto, delante del Ayuntamiento de Varsovia. El ex presidente y ex líder del sindicato Solidaridad, Lech Walesa, un antiguo electricista de los Astilleros de Gdansk (norte del país) que renunció hace muchos años al voto de pobreza y se convirtió en un nuevo rico sin escrúpulos que cobra decenas de miles de euros por sus conferencias, aunque apenas sepa leer y escribir, también se unió al carro de los desequilibrados, y declaró: “No tengo nada contra Madonna, aunque en el pasado ha hecho muchas provocaciones”, pero su concierto se parece a “una provocación satánica”.
Por suerte para Polonia y el futuro de la humanidad, el Gobierno del liberal Donald Tusk, que suele ser bastante pusilánime con los asuntos que atañen a los monseñores, y el Ayuntamiento de Varsovia resistieron a las presiones de los integristas. El concierto se llevó a cabo y contó con la presencia de unos 100.000 espectadores, frente a un puñado de ultras recalcitrantes que repartieron folletos contra Madonna, alzaron unas pocas cruces y desplegaron algunas imágenes religiosas, e insultaron a la musa del pop a través de un megáfono. No sé lo que ocurrirá esta vez, pero supongo que algo parecido a lo que aconteció el 15 de agosto de 2009. Creo que decenas de miles de polacos, jóvenes y no tan jóvenes, de derecha, de centro, de izquierda y sin adscripción política, creyentes, agnósticos y ateos, guapos y feos, gordos y delgados, simpáticos y antipáticos, en fin, personas normales y corrientes, irán al Estadio Nacional de Varsovia para disfrutar durante unas horas de las canciones, bailes, músicas y puestas en escena de la musa del pop. A mí, Madonna no me gusta, y bastante que me lo reprocha mi mujer. Sus provocaciones, en general, no me seducen y no me interesan. No me gastaría un euro para ver uno de sus conciertos. Pero entiendo y respeto que a mi vecino le guste Madonna y se vuelva loco por asistir a uno de sus espectáculos en directo, en Varsovia, en Madrid, en París o en Londres. Tampoco me gusta cuando en España los legionarios pasean un Cristo durante la Semana Santa, porque me parece estéticamente feo y siniestro. Tengo el derecho de decirlo, pero no de impedirlo, y sería una idiotez por mi parte olvidar que muchas tradiciones de origen religioso que no hacen daño a nadie se han convertido en manifestaciones esencialmente culturales que son compartidas sin el menor problema por creyentes, agnósticos y ateos. Pero de la misma forma que yo entiendo, respeto y tolero, pido a los demás que hagan lo mismo. Nada más y nada menos.
Puedo entender que personas con profundos sentimientos religiosos se sientan ofendidas, o al menos molestas, por los shows de Madonna. La sensibilidad, cada uno la administra como puede. A mí tampoco me gustan las procesiones, pero no se me pasaría por la cabeza boicotearlas o insultar y agredir a la gente que participe en ellas. Lo que no pienso aceptar ni tolerar es que alguien pretenda imponer mediante coacciones sus valores morales y su manera de pensar. Yo intento no imponer los míos a nadie, entre otros motivos, porque considero que no estoy en posesión de la verdad absoluta. Por desgracia es lo que cree la ultraderecha católica en Polonia y en otras partes, y por regla general todos los extremistas políticos y religiosos piensan de la misma forma. Lamento que la jerarquía católica y los sectores ultramontanos de esta institución intenten por todos los medios imponerse al conjunto de la sociedad, que en países como Polonia y España también está compuesta por millones de católicos razonables y moderados. Ocurre lo mismo en todas las religiones, y no hay más que ver lo que hacen y deshacen los extremistas musulmanes en muchas parte del mundo. Los fanáticos y los sectarios saben que no pueden convencer por las buenas, entonces tratan de imponer su visión del mundo por la fuerza. En una sociedad democrática y cada vez más moderna como la polaca, los extremistas lo tienen complicado, por mucho que vociferen, pataleen y amenacen y aunque tengan el apoyo de algunos obispos decimonónicos que hablan impúdicamente en nombre de Dios.
Como dice Roger Pol Droit en su libro ‘La religión explicada a mi hija’, “las religiones son un elemento esencial de la experiencia humana. Si no hablamos a nuestros hijos, es posible que algunos tesoros de la humanidad se les escapen totalmente”. El cristianismo, como el islam, son religiones hijas del judaísmo. Jesús era judío, vivió en Palestina y se proclamó “Hijo de Dios”. Y para el cristianismo, Dios es infinito y eterno y se encarna en el ser humano, pero es ante todo y por encima de cualquier otra consideración una religión de amor. Cuando veo a esos energúmenos intolerantes, tristes, feos y reprimidos sexuales que dicen hablar en nombre de Jesús y babean odio y miseria moral e intelectual, pienso que no son más que una grotesca caricatura de lo que el hijo de José y María predicó hace 2.000 años. Por desgracia, la historia de la Iglesia católica está repleta de acontecimientos trágicos, de violencia e infamia, pero en honor a la verdad también hay que decir que algunos de sus representantes han sido y son hombres y mujeres, religiosos o laicos, de una gran valía humana. Yo no soy católico, pero si tuviera que escoger, me quedaría con personajes como el propio Jesús, Bartolomé de las Casas, Santa Teresa de Ávila o San Juan de la Cruz, uno de los más grandes poetas en lengua castellana de todos los tiempos. Los que vociferan contra Madonna se han leído la Biblia al revés, aunque sospecho que muchos, quizá la mayoría, ni siquiera han abierto una vez en su vida el libro sagrado de judíos y cristianos. A esos individuos corroídos por la cerrazón mental habría que leerles estas bellas palabras del poeta, novelista, pintor y ensayista libanés Jalil Gibran: “Vuestros hijos no son vuestros hijos. Vienen a través vuestro, pero no son vuestros. Podéis intentar ser como ellos, pero no intentéis hacerlos a vuestra imagen”.



Parece que Paco Soto es un tío muy tolerante, pero que no se corta en decir que tal grupo es “rancio y pasado de moda”. Vaya. Ni siquiera entiendo qué coño significa “pasado de moda” aplicado a un grupo religioso.
Substituir a un grupo de tarados pro-religión por otros tarados “pseudo-tolerantes” no ayuda. Por lo menos los primeros son sinceros y consecuentes.