Amores bastardos – Capítulo 13

Eduardo tenía, cada vez más claro que encontrarse con el viejo iba a cambiar muchas cosas, demasiadas, sobre lo que él sabía de su pasado, del pasado de su familia.

Su mundo nunca había sido estable. Primero la muerte de sus padres, luego la de su abuela, más tarde la caída del comunismo que, muchos deseaban. Mas tarde quedó claro que pocos estaban preparados para el nuevo sistema. El supo adaptarse y prosperar mientras otros ahogaban en vodka el dolor por la confusión de los tiempos por los cambios hacia un sistema que les obligaba a trabajar mejor, a competir y que no premiaba su fidelidad política.

Pero ya era demasiado. Él había salido adelante de todo aquello y se merecía un descanso.

Necesitaba una vida equilibrada y tranquila, si no para él, al menos para Sara.

Debía volver a casa donde le esperaba una esposa oficial, otra oficiosa y una hija que era lo único real en su vida. Debía encontrar la manera de poner en orden todo aquello. Lo del viejo debía podía esperar.

Le dijo claramente a Francisco que no deseaba volver a hablar del tema y, el resto del viaje, hasta volver a Valencia, lo hicieron en silencio.

Al entrar en casa, por la tarde, le recibió Magda con un frío, ¿ya estás aquí?, seco e indiferente. Eduardo se acercó a ella, a pesar de que el espacio personal entre ambos, ese que con los desconocidos incomoda violar, había reaparecido hacía casi un mes.

- Magda, nunca había sentido un amor, una pasión tan intensa por nadie antes de conocerte. He hecho muchas cosas por ti que no debería haber hecho, yo por ti iría hasta el infierno y volvería sólo para traerte fuego con el que calentarte.

- Eres muy romántico, mi amante español. Supongo que me quieres aunque pienses que soy tan malvada que sólo en fuego del infierno me puede reconfortar.

- Pues claro. Tú sigues siendo la mujer de la que me enamoré y además tenemos a Sara

La niña andaba ya y se acercó a su padre sonriente, al llegar a él le abrazó la pierna. Eduardo se agachó y la cogió en brazos.

Por un momento, la ternura iluminó el rostro de Magdalena. Pero fue apenas un destello.

- No estoy hecha para ser la mujer de un simple empleado.

- ¿Qué más te da? No es que seamos, precisamente pobres.

- Sí, pero siempre estarás a la sombra de Francisco o de cualquier otro con dinero para invertir en tus negocios

- Magda, tenemos mucho, ¿Qué más quieres?

- Más de lo que tú puedes darme.

- Y, ¿qué quieres que haga?

- Tu verás, para algo tienes la cabeza.

Madgda se metió en su habitación y volvió a salir maquillada y con un minúsculo vestido de lentejuelas.

- Esta noche voy a una fiesta. Irina vendrá para encargarse de la niña.

- ¿En serio?

- Si, le dejas que duerma en el salón.

Se fue sin decir adiós y, por el balcón, Eduardo pudo ver como se acercaba a un todo terreno.

Una puerta se abrió y un hombre enorme, muy parecido a los guardias de seguridad del burdel donde la conoció, la invitó a entrar.

Cuando Irina llegó Sara ya dormía. Eduardo se encontraba deprimido y le contó todo lo que habían hablado Magda y él mientras Irina se desnudaba, se echaba encima de él, sobre el sofá y le hacía el amor. Eduardo se dejó llevar sin entusiasmo, pero cayendo en una dulce modorra mientras se deslizaba por la resbalosa pendiente de orgasmo.

Cuando Irina se dejó caer a su lado le contó todo lo que, realmente sabía de Magdalena, y el origen de su relación con ella.

- Tú sabes que Magda ya estuvo en España antes, ¿verdad?

- Si, pero ella nunca ha querido hablar del tema.

- ¿Tienes idea de lo que hacía para vivir?

- Me imagino que lo mismo que en Varsovia, sería prostituta, no me extraña que no quiera comentarlo.

- No, no era eso.

- ¿No era prostituta?

- Sólo cuando le apetecía. Magda siempre fue muy viciosa. No, lo que ella hacía era mucho peor.

- ¿Peor? Yo nunca he criticado su antiguo trabajo pero para que fuera peor tendría que haber matado a alguien.

- No te voy a contestar a eso. Creéme, lo que hacía te haría verla de una manera muy diferente, de verdad.

- ¿Qué quieres decir con eso de muy diferente?

- Espera, sin prisas, te lo diré todo. Ella no era una puta como yo.

- ¿Tú?

- Si, yo. Me vine aquí porque ella me ofreció un fabuloso trabajo con el que me podría pagar mis estudios de traductora e intérprete. No me decía que trabajo era pero yo me lo imaginaba. Otras no, y esas lo pasaron mucho peor.

- ¿Quieres decir, que ella?

- Si, ella captaba a las chicas, sólo que casi nunca sabían en lo que se metían. Y tenía mucho éxito, gracias a ser de la familia que era.

- ¿Qué familia?

- La familia Petrov claro. Una de las más ricas de Vladivostok.

- ¿Pero qué dices?, si ella es de un pueblo de Ucrania.

- Ni hablar. La que venía de un pueblo de Ucrania era yo. Ella vino a verme invitada por la organización que llevaba tiempo con ganas de captarme, al verla me impresionó su clase y sus modales de aristócrata. Seguro que es lo que más te atrajo de ella, los volvía a todos locos con ese porte y esa superioridad que parece emanar. Aunque parezca mentira, a las chicas también nos volvía locas, queríamos ser como ella. Pero para eso hay que nacer en la oligarquía. Yo estaba harta del pueblo, era buena estudiante pero no había manera de salir de allí y aquello me pareció la oportunidad que estaba buscando. Me costó muchos años pagar mi libertad y, hasta que ella volvió, ya nadie me obligaba a trabajar de puta, pero ella tiene muchos contactos, y tuve que volver a hacerlo.

- ¿Ella te ha hecho acostarte con clientes?, ¿en burdeles?

- No, sólo con uno. Contigo.

- ¿Yo?

- Si, pero no te enfades. Por favor.

- Cómo que no me enfade, ¿tú sabes lo que me estás diciendo?

Eduardo comenzó a caminar por la casa cogiéndose de la cabeza, como si quisiera forzar al cráneo a mantener las ideas dentro, bien ordenadas.

- Lo sé y estoy arriesgando mucho por confesarte la verdad.

Eduardo se paró en seco, bajó las manos y la miró fijamente.

- ¿Por qué lo haces?

- Porque te quiero. Porque no quiero ser lo que ella me obliga a ser. Yo tengo un buen trabajo y no me hace falta nada más. También porque tú eres el hombre que siempre he buscado y porque Magda nunca sabrá apreciarte por lo que realmente vales, sólo por lo que le puedas dar.

- Tú eres sólo una puta, como ella, las dos sois iguales.

- Una puta no ama a sus clientes. Cuando me pagaban desaparecían de mi vida y, después de ducharme no quedaba de ellos nada más que el dinero. Pero yo saqué adelante de aquella manera mis estudios y también perdí a mi familia. El precio resultó ser muchísimo más alto de lo que esperaba cuando acepté venir, pero lo pagué y si no fuese por Magda no habría tenido que seguir alquilando mi cuerpo, pero tampoco te habría conocido, por eso no le guardo rencor, pero es una mujer malvada y perversa que destruirá tu vida si no te alejas de ella.

- Irina, esto es todo muy duro para mí. No me malinterpretes, pero creo que debo de quedarme sólo, al menos esta noche. No se que pensar, ni que debo hacer ahora.

- Deja que me quede contigo, sé que me quieres y me necesitas.

- En serio Irina, necesito pensar, esto ha sido demasiado, tengo que estar sólo.

- De acuerdo, me iré. ¿Quieres que vuelva mañana por la mañana para cuidar a Sara?

- Si, por favor. A saber en qué estado volverá Magda.

- A las nueve, como antes.

- Una cosa más, Irina.

- Lo que quieras. Todo lo que me pidas.

- Necesito conocer la dirección de su familia.

Irina dio un paso atrás, se apoyó en el respaldo de una silla como si le temblaran las piernas y, comprendiendo que lo que iba a decir contradecía su reciente promesa contestó.

- Si te doy esa dirección, tarde o temprano Magda se enterará, y entonces estaré acabada.

- Siempre puedes volver a Ucrania.

Irina hizo un gesto que expresaba resignación y fastidio.

- No tengo a dónde volver. Mi familia me repudió en cuanto se enteraron de lo que hacía aquí, son gente muy conservadora y ni los antiguos amigos ni la gente del pueblo me perdonarán jamás.

- Vale pero, ¿por qué dices que estarás acabada? Como intérprete puedes trabajar encualquier sitio, en Kiev, por ejemplo.

- Muerta, Eduardo, muerta. Si se entera estaré muerta y aquí aún podría escaparme pero en Ucrania me encontraría donde quisiera que me escondiese.

- No se enterará. Te lo prometo. Descubra lo que descubra, ella jamás sabrá que tú me lo has dicho.

- No hay nadie más que conozca ese secreto.

- Les pediré a sus familiares que no le digan que he estado allí.

- No puedo hacerlo. Es demasiado arriesgado. Algo podría salir mal.

- Está bien. Lo comprendo. Pero necesito que me digas algo.

- ¿Sí?

- ¿Me quieres?

Irina se echó a sus brazos llorando y se acurrucó entre ellos.

- Claro que te quiero, más de lo que he querido a nadie en mi vida.

- Entonces tráeme esa dirección. Necesito conocer la verdad.

- Mañana la tendrás.

Se marchó de casa sin despedirse, sollozando, contando con la frágil garantía de una promesa para seguir viva y lo había hecho con la esperanza de que Eduardo comprendiera que cuando le decía que lo quería no eran sólo palabras.

A la mañana siguiente le entregó en un papel la dirección escrita en ruso Familia Petrov.

Calle Artem Bikeev 225. Vladivostok

No estaba seguro de quererle, al menos no tanto como ella a él, pero había tenido que mentir para conseguir aquella dirección y lo había hecho para conocer el secreto mejor guardado de Magdalena. Si había una manera de aplacar aquella bestia insaciable, de abrazar aquella alma destructora y hacerla suya, la descubriría allí dónde nació y se crió.

El día siguiente emprendió un viaje de treinta horas hacia el confín de Europa, a una ciudad desde la que si se tenía la enorme suerte de disfrutar de un día de buen tiempo, desde el puerto podría entrever la costa de Japón.

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3 Responses to Amores bastardos – Capítulo 13

  1. avatar
    Werner agosto 11, 2012 at 5:37 pm

    Al principio de Amores Bastardos se puede llegar haciendo clic aquí
    http://polskaviva.com/category/la-warsovia-werneriana/page/2/

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  2. avatar
    Dan agosto 13, 2012 at 12:26 pm

    Parece que Magda se comporta como un tipo medio – sale toda la noche, no explica nada, no le importa nadie y nada – ni su niña ni su pareja, ni su casa… Y sólo ella sabe por qué.
    Irina=Irene?

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  3. avatar
    Werner agosto 14, 2012 at 3:13 pm

    Como expliqué al principio, Amores bastardos está basada en una historia que me contaron en unos cinco minutos. Ese detalle concreto de Magda saliendo por las noches sin que su marido tenga ni idea de adónde va, con quien sale o que hace por esos mundos de Dios es de lo poco que hay que no ha salido de mi imaginación. En la historia real una amiga de la mujer le contaba al marido en qué lios andaba metida. Lo de Irene se me escapó, tendré que corregirlo.

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