¿Está llegando el fin de la democracia?

democraciaQue a la gente cada vez le interesa menos lo que les ofrecen los partidos políticos es más que evidente. El sistema democrático, que basa la participación de los ciudadanos en organizaciones creadas para representarles, en los cuales, la participación es abierta y la ascensión en sus jerarquías depende del carisma, la inteligencia y la capacidad de trabajo atrae en los sucesivos comicios a cada vez menos votantes.

Hay quién habla de descontento con la clase dirigente. Dicen que los partidos democráticos han perdido sus ideales y que quienes se meten en política lo hacen sólo para ganar dinero en una carrera en la que lo primordial es la apariencia de carisma. Otros son de la opinión de que la política se ha convertido en un circo mediático en el cual ni inteligencia ni capacidad de trabajo son necesarios si se tiene un buen asesor de imagen. Sólo hace falta cruzar el charco para encontrar ejemplos bien claros, en un pasado bastante reciente.

No pocos son los que piensan que gobernar es tan complicado, con toda la muchedumbre de consejeros técnicos, asistentes y asesores de la que se rodean los ministros y senadores para tomar decisiones, que no son los elegidos democráticamente quienes gobiernan sino oscuros personajes que, desde confortables cátedras universitarias o la dirección de empresas multinacionales, manejan a la clase política como a marionetas.

Sería fútil intentar rebatir las razones mencionadas porque hay, al menos, algo de verdad en cada una de ellas, pero no creo que sean la causa, al menos no la principal, de que a la gente cada vez le interese menos decidir quién les gobierna.

La razón, es simplemente que los partidos políticos no ofrecen una ideología con la que la gente ya no se siente identificada. La izquierda, como la conocemos se originó en el marco de una economía industrial que ya no existe. ¿Hay alguien que pueda decir hoy en día qué es la burguesía?, ¿Sabe alguien que aspecto tiene un burgués? A mí me lo llamó hace poco una comunista a quién conozco de la Universidad, pero yo soy un empleado, bueno, soy director de mi departamento así que tengo gente trabajando para mí, pero no se puede decir que cobre un sueldo millonario, como tampoco lo hace mi jefe que, a su vez trabaja para un grupo de inversores, esos sí que tienen pasta aunque a esos no los ve ni en pintura, a quien él ve es a la que puede llamar “jefa” suya, que además de nuestra empresa controla lo que pasa con otras cinco o seis en las que invierte su fondo de inversión. Es muy difícil en una economía como la actual, basada en bienes inmateriales (transmisión de conocimiento, herramientas informáticas, manejo e interpretación de información, etc.) decidir dónde trazar la línea que divide a explotadores de la clase obrera.

Industrial

Hemos podido ver, recientemente, como movimientos sociales, como el 15M o la PAH, han aglutinado a su alrededor asociaciones culturales, parados, amas de casa y un tan nutrido como variado elenco de personajes célebres. En muchos casos las organizaciones surgidas de esos movimientos se han desvanecido poco a poco, haciendo, cada vez, menos ruido. Parece como si, tras la catarsis de un nacimiento tumultuoso acabaran “disolviéndose” para volver a resurgir al cabo de poco con la misma fuerza y en respuesta a una necesidad o abuso totalmente diferente.

Por qué, si hay tanta gente descontenta, y con razones de sobra para estarlo, no son capaces de organizarse de forma estable. Es muy simple, porque nadie les está ofreciendo una ideología y porque las que tienen a su alcance no sirven, desde hace mucho, para canalizar ni sus esperanzas ni su malestar.

Las ideologías que todos conocemos se pueden dividir en dos corrientes, conservadurismo y progresismo. La primera mira hacia el pasado en busca de un modelo ideal de sociedad y busca construir un presente que se parezca lo más posible a ese modelo.

El futuro visto por OrdenDivinoun conservador es una continuación de ese pasado, con ligeros avances en tecnología, medicina, etc. y teme como al diablo a todo lo que amenace la persistencia de ese modelo. Ejemplos de amenazas no faltan, la anticoncepción,  por ejemplo, amenaza el modelo de familia tradicional, las drogas de diseño  al orden social , la sexualización de la sociedad  enfrenta directamente a las nuevas generaciones con la iglesia, etc. El progresista, por otro lado piensa que si el presente es mejorable debe encontrarse la manera de hacerlo para construir un futuro mejor y busca en teorías, más o menos científicas, elaboradas por economistas o filósofos, el modelo ideal con el que construir el futuro. La experiencia ha demostrado que poner en práctica esas teorías puede ser catastrófico. En acorde con el método científico, era un error creer en ellas tan ciegamente como se hizo. Las teorías no se formulan como dogmas de fe, están para ser demostradas o refutadas y el marxismo era, tan sólo teoría social.

Llevadas a sus extremos ambas ideologías demostraron, a lo largo del siglo XX, cuan peligrosas podían llegar a ser. La ideología conservadora, convertida en fascismo, llevaba a una pequeña parte de la sociedad, erigida en dirigente y guardián de las tradiciones y la verdad divina a tratar como un padre despótico a sus vasallos y a aniquilar a cualquiera que amenazase con alterar la sagrada estabilidad. Por otro lado el comunismo sacrificaba tanto y a tantos del presente en pos de un futuro ideal que, de hecho, cuanto más duraba el régimen, menos quedaba con lo que construir aquel futuro.

Que la iglesia cada vez tiene menos que decir en cuanto a qué está bien o mal es evidente. Aparte de los más radicales miembros del Opus, pocos hay, entre los que van con frecuencia a misa, que sigan los dictados de la Santa Madre. Por otro lado, ni los más fervientes admiradores de Franco o la familia real creen ya que una dictadura o la vuelta al modelo feudal sean en modo alguno factibles y, aún así, la mentalidad conservadora sigue existiendo. En Polonia la desaparición del la izquierda ha sido casi total  Tras la caída del comunismo las clases dirigentes, educadas al amparo del sistema comunista, tuvieron que dejar paso a una generación de derechas que sí había tenido acceso a estudios superiores y que les barrió del mapa dejando un paisaje desolado en el que lo único que capta el interés de la gente son las intrigas y las puñaladas traperas que se dan entre ellos.

Tampoco hay ya progresista alguno que no desconfíe, de entrada, en cualquier teoría económica, ni en que la totalidad de la sociedad debe cambiar para que el futuro sea mejor. Pocos son los que se no se dan cuenta de que la pérdida de los antiguos patrones morales está produciendo un vacío que ninguna ideología de izquierdas es capaz de rellenar. La popularidad  creciente de las drogas recreativas refleja el desamparo de la juventud ante un futuro que, obviamente, no está en sus manos y la sexualización de la sociedad convierte el cuerpo humano en un objeto de consumo como cualquier otro. Estos fenómenos sociales y otros muchos aparecen, cada vez más, como amenazas contra las que hay que combatir, pero nadie sabe cómo.

El fallo sistémico de ambas ideologías al gobernar sin el estorbo de “los otros” en forma de dictadura, y la falta de contacto con la realidad de sus formas moderadas son las razones principales por las que la gente busca una nueva ideología que aglutine su malestar y de sentido a sus demandas. Tampoco es menos relevante el hecho de que los políticos sean incapaces de hacer comprender a la ciudadanía en qué consiste gobernar, básicamente, porque es demasiado complicado para ellos mismos. Ejemplos de esa ignorancia hay de sobra, bastaría con hacer una recopilación de comentarios hechos a “micrófono abierto” cuando el político de turno pensaba que el trasto estaba apagado.

Tan loable como es la búsqueda de la estabilidad del conservador lo es la creencia de que debemos crear las bases de un futuro mejor. Pero, si, tanto conservadores como progresistas se sienten perdidos ante la complejidad técnica de ejercer el gobierno y siguen dando la imagen de que ni políticos de uno ni de otro signo tienen nada que decir, porque quienes gobiernan están por encima del sistema democrático, ¿a quién le puede extrañar que la gente perciba la democracia como una falacia?

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