Sobrevive al invierno polaco

El invierno polaco: como llevar una vida normal e incluso divertirse a veinte y bajo cero y con nieve hasta las rodillas por Juan Werner Deichmann.

Es cierto que muere gente en lo más crudo del crudo invierno. Casi siempre se trata de personas sin hogar que, muy a menudo, son alcohólicos y, en su borrachera, se quedan dormidos en la calle antes de llegar al refugio más cercano, hay también personas mayores, muchas veces viudas que cuentan con pensiones ínfimas y se ahorran el coste de la calefacción y tras las peores noches no llegan a despertarse. De todas formas el invierno, si se toman ciertas precauciones, no sólo no tiene porque ser duro, sino que puede incluso ser una época alegre. A continuación explicaré cómo lo hacen los polacos para sobrevivir e incluso disfrutar en condiciones tan adversas.

Crecí Carcaixent, una pequeña ciudad de Valencia en la que el termómetro rara vez bajaba de los diez grados y casi nunca de los cinco.

En 1982 hubo la única nevada que vi hasta que salí de España. Duró una semana y para los niños fue un evento memorable. La mayoría de nosotros habíamos visto la nieve sólo en la tele y nos pusimos a hacer todas esas cosas que se veían en las películas, echarnos pelotazos, hacer muñecos de nieve, etc. Para los mayores, aquella nieve no tenía nada de divertido, muchos habían perdido sus casas y sus negocios por la pantanada de Tous, y el frío arruinó la cosecha de naranjas.

Mis recuerdos de aquella semana son maravillosos pero lo que he experimentado en Polonia durante sus largos y crudos inviernos se parece en nada.

Hasta hoy me entran ataques de tos cuando salgo a la calle y la temperatura es inferior a los quince bajo cero. Es un ataque corto, de menos de un minuto, con el que mis pulmones me advierten que no les gusta nada lo que les está entrando. De todas formas, existen ciertos trucos que, una vez aprendidos hacen más fácil sobrellevar esas temperaturas y hasta sacarles provecho.

1. Vestirse al estilo cebolla.

Es evidente, se trata de acumular capas y capas de ropa. Me imagino un encuentro fortuito entre dos enamorados que, consumidos por el fuego de la pasión, se van a toda prisa al hotel más cercano, pagan una habitación, suben a ella y comienzan a quitarse la ropa. Una capa, otra, otra, otra… Si el tiempo que requiere desnudarse no ha apagado la llama del deseo lo hará la vista del otro en ropa interior termoactiva.

No es de extrañar que la gente espere a la primavera para enamorarse ni que los niños, planeados o no, suelan nacer entre febrero y abril.

2.  No corras, y si lo tienes que hacer, hazlo al estilo polaco.

Lo que para nosotros es normal, cuando corremos, es dar largas zancadas. Balanceamos rápidamente una pierna hacia delante, empujamos el cuerpo con la que queda atrás, damos un pequeño salto y nos apoyamos con el pie adelantado. Si el suelo está cubierto de hielo, en ese momento, nuestra suerte estará echada. Podemos darnos el trastazo con las piernas abiertas al estilo Nureyev o patinando sin control unos segundos hasta topar con algo que nos pare, dolorosamente.

Después de ver a mi familia caer, uno tras otro, por querer alcanzar el autobús empecé a plantearme por qué los polacos que también corrían no se caían. No hacía falta observarlos mucho para darse cuenta de la diferencia. Ellos no daban zancadas. Lo que hacían era dar cortos pero muy rápidos pasos. El aspecto de alguien corriendo sobre hielo es bastante ridículo, pero no hay otra forma segura de hacerlo.

Otra cosa que he experimentado en mis propias carnes es lo que puede pasar si se echa un sprint a veinte bajo cero. Las dos veces que lo hice fue para coger el autobús y las dos terminé con pulmonía. Si hace mucho frío, el autobús o el tranvía está llegando a la parada, y no vamos a llegar a un paso normal hay que olvidarse de él y esperar con resignación al siguiente porque no hay ninguna posibilidad de que las fosas nasales calienten el aire que les entra a esa temperatura y jadeando.

3. Ni se te ocurra venir en coche desde España

Es muy habitual que la calzada esté cubierta de hielo o una fina capa de nieve, o ambas cosas que es peor.

Cuando llegó mi primer otoño en Polonia mi novia me dijo que había llegado el momento de cambiar las ruedas. A mí me extrañó mucho porque el dibujo se veía muy bien. Se lo dije y me miró como si no estuviese en mis cabales, entonces me preguntó si no me daba cuenta de que se acercaba el invierno. Para mí no había relación entre las estaciones y el cambio de ruedas, se cambian cuando el dibujo está desgastado y eso es todo. Los polacos, en cambio, en otoño cambian las de verano por otras de invierno y en primavera vuelven a poner las de verano.

Muy de vez en cuando, cae una nevada a principios de otoño, cuando casi nadie ha puesto las ruedas de invierno y se producen una multitud de accidentes. La experiencia de perder el control de un coche que patina hacia el carril del sentido contrario es una de las más terroríficas que recuerdo aunque, cuando me sucedió, debía ir a veinte por hora y recuperé el control antes de chocar de frente con  otro coche.

4. Instrucciones para pasarlo bien en invierno.

Ir en trineo. Especial para los niños, lo adoran. Hay muchas pendientes que se pueden aprovechar con ese fin, si se vive en las montañas las posibilidades de disfrutar son casi ilimitadas. Los que tengáis más de treinta años recordaréis la serie Heidi. Como iban en trineo a velocidades de vértigo ella y Pedrito, pues yo lo veo todos los inviernos. Los más pequeños van acompañados de sus padres que controlan los posibles excesos de sus retoños.

Patinar sobre hielo. Los patios de los colegios, los ríos, lagos. Cualquier superficie helada sirve.

Esquiar. No requiere mucha explicación. Es un deporte muy popular, las montañas del sur o las de Eslovaquia están llenas de pistas de esquí.

Pesca en agujero. Es sobre todo para jubilados. Se hace un agujero en el hielo, se desliza el hilo con el anzuelo y se espera sentado con una botella de vodka a que piquen.

Visitar a amigos. Se lleva algo para beber. Tradicionalmente se llevaba vodka pero el vino es cada vez más popular. Lo malo es que, si no nos han invitado a dormir, hay que decidir quién no bebe.

Por último están los cines, teatros y, en menor medida, las discotecas y los pubs que son más populares cuando hace buen tiempo.

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